Tuesday, June 13, 2017

MITOS Y FALACIAS EN CRÓNICAS DE LA HISTORIA DE PUERTO RICO



Por su condición colonial, muchas crónicas de la historia de Puerto Rico están colmadas de mitos y
falacias. Uno de los mitos más arraigados en la mente de algunos puertorriqueños dice; “que España fue bien mala con Puerto Rico”, “que España fue una mala Madre Patria”. Y la verdad es que durante parte del siglo XIX la administración española para con sus provincias de ultramar, Puerto Rico, Cuba y Filipinas, fue bastante nefasta. Eventos que eventualmente desembocaron en el Grito de Lares de 1868, varias campañas militares en Cuba como lo fue el Grito de Yara y hasta el independentismo Filipino.

Pero esta aparentemente perversa conducta de parte de España hay que verla en su justa perspectiva y 
dentro de su contexto histórico. La verdad es que España no fue intencionalmente desconsiderada con sus provincias de ultramar. Resulta que España vivió un desastre durante aquel sangriento y caótico siglo XIX. Igualmente, para bien o para mal, durante aquel trágico siglo España trató a sus provincias de ultramar en igualdad de condiciones al resto de España; es decir caóticamente.

Históricamente, ya desde principios del siglo XIX, España luchaba tenazmente la Guerra de

Independencia contra la invasión que realizó Napoleón Bonaparte. Una guerra que efectivamente
desembocó en la pérdida de casi todos sus dominios en America. Estos eventos crearon un gran caos en España, una nación que entonces se convierte en un imperio en franca decaída. Inmediatamente, el caos desencadena violentas luchas internas entre absolutistas y liberales. Eventos que resultaron en guerras y una profunda inestabilidad política.

Parte del convulso balance histórico que sufrió España durante aquel sangriento siglo XIX, es el

siguiente;
• Lucha una “Guerra de Independencia” contra las tropas de Napoleón, (1808-1814).
• Pierde casi todo su territorio en America.
• Sufre tres sangrientas guerras civiles, las guerras carlistas, (1833 a 1839, 1846 a 1849, 1872 a
1876). Unos 13 años de guerra civil y 19 años de guerra incluyendo la de Independencia.
• Sobre 2,000 pronunciamientos y/o revueltas militares, (al menos tres de esos eventos
ocurrieron en la plaza de San Juan, PR).
• La inestabilidad política resulta en unos 130 gobiernos, la mayoría de ellos efímeros.
• Dos abdicaciones de sus reyes; Fernando VII (1808) y Amadeo I (1873).
• Dos destronamientos de sus reyes; Jose I (1813) e Isabel II (1868).
• Un total de nueve constituciones; 1812 (La Pepa), 1834 (Estatuto Real), 1836, 1837, 1845,
1856 (no promulgada), 1869, 1873 (Proyecto Federal) y 1876.
• Un total de 91 años de absolutismo y solo 9 años de débil constitucionalismo.

Para poner en perspectiva el problema de gobernanza que sufrió España durante el siglo XIX, entre

1833 y 1892 España tuvo un total de 75 gobiernos distintos. Casi 70 de esos gobiernos duraron menos de dos años. El más estable gobierno durante aquel siglo XIX fue el gobierno de O'Donnell entre 1858 y 1863, solo duró cuatro años y siete meses. Las consecuencias de estas inestabilidades
gubernamentales, administrativas, políticas y las calamidades de las guerras, sin lugar a dudas fueron devastadoras. No es hasta finales del siglo XIX que a situación política de España comienza a mejorar en algo, aunque la situación económica era aun muy precaria.
Andrés de Bustamante

Sin embargo, aquellos agravios a los cuales sometieron a los habitantes de Puerto Rico y Cuba, como
fueron las unilaterales suspensiones de la diputación provincial y los destierros políticos, eran similares a los excesos que sufrían los habitantes en la Península. Como bien dijo Don Ramón Emeterio Betances; «España no puede dar lo que ella misma no tiene»; una cita que bien recoge la realidad que vivieron todos los españoles en aquella época.

Contrario a los mitos históricos en Puerto Rico, durante aquel periodo España otorgó a la Provincia de 
Puerto Rico representación plena en las Cortes Generales.

Adicionalmente le otorgó a la isla facultades autonómicas, convirtiendo a la isla en la primera

autonomía de España. Poderes de autogobierno que aun en pleno siglo XXI los puertorriqueños no han alcanzado como “botín de guerra” de la llamada Gran Democracia del Mundo. Que a Puerto Rico le tomó 54 años el poder votar por su gobernador y que este tiene unos poderes muy limitados. Situación que se agrava con la unilateral imposición de esa Junta de Cobro Fiscal.

En la defectuosa crónica de la Historia de Puerto Rico, tampoco se menciona que durante aquel siglo 
XIX, no había una diáspora puertorriqueña. Que al contrario, Puerto Rico era un destino para los emigrantes. Que para principios del siglo XIX la población de la isla rondaba los 200,000 habitantes, y para la invasión del 1898 eran unos 950,000 los que vivían en la Provincia Autónoma de Puerto Rico.

Un marcado crecimiento poblacional que solo pudo suceder con un mejoramiento en las condiciones de 
vida y una pujante actividad económica. Es decir, con altas tasa de natalidad y una saludable inmigración. Un hecho demográfico que da al traste con el argumento de “la mala administración y las terribles condiciones durante la época española”.

Tampoco se menciona que España nunca utilizó su fuerza militar para disparar contra la población civil 
de Puerto Rico. Un hecho que contrasta marcadamente con lo sucedido en la Masacre de Ponce y el Grito de Jayuya.

Si bien es cierto que con España sucedieron aquellos terribles “compontes” de 1887. También es

cierto que esto fue la creación de un solo hombre, el Gobernador Romualdo Palacios. Que este actuó bajo los auspicios de algunos oligarcas puertorriqueños y solo trató de replicar las prácticas políticas que sufrían en la Península. Que aquel Palacios solo duró 8 meses en la plaza de Puerto Rico, ya que fue fulminantemente removido ante las quejas de los residentes de Puerto Rico. Un marcado contraste a las institucionales leyes de la mordaza y las numerosas persecuciones políticas y sindicales que por décadas ocurrieron en Puerto Rico durante el siglo XX.

Tampoco se menciona que los puertorriqueños eran ciudadanos y nacionales de España por nacimiento, 
al igual que los españoles nacidos en la Península. Que a pesar de entonces ser una nación en una virtual ruina financiera, España proporcionalmente invertía muchos esfuerzos, oportunidades y recursos en la Provincia de Puerto Rico. Ciertamente mucho más de lo que jamás ha hecho o hará los Estados Unidos. Pero entonces, Puerto Rico era parte integral de España y los puertorriqueños eran españoles en igualdad de condiciones.

Tampoco se menciona que durante el siglo XIX, en 1869 y 1897, los Estados Unidos ya había ofrecido 
a España cuantiosas sumas para comprar las provincias de Cuba y Puerto Rico. Ofertas que fueron rechazadas por España, ya que esta no vendía su territorio nacional ni a sus ciudadanos.

Igualmente no mencionan que posterior a la invasión del 1898, Puerto Rico cayo en la extrema pobreza 
y se convirtió en la jurisdicción más pobre de todas las Américas. Que fue bajo el dominio
estadounidense cuando Puerto Rico sufrió la extrema pobreza del hambre y la miseria que nunca antes había conocido con España.

Tampoco podemos ignorar la real e incesante propaganda de la “leyenda negra española”. Un

centenario esfuerzo mediático que el mundo anglo-sajón ha explotado vilificando a su antigua
competencia imperial española, en un afán de justificar su alegado justo proceder. Una campaña donde se inventan o exageran los supuestos horrores de los malvados españoles. Un esquema que en Puerto Rico alimenta al sistema colonial ya que se procura rechazar y denigrar la hispanidad de los puertorriqueños.

La Madre Patria, España, no fue perfecta, no podía serlo, como nadie lo es. Pero tampoco fue malvada 
con Puerto Rico.